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Tipologías urbanas
 

El Palacio

Es seguramente el elemento más definitorio de la arquitectura civil. Tipológicamente responde a una planta cuadrada o rectangular con patio interior porticado, generalmente columnado, con arcos de medio punto y dos plantas en altura. Alrededor del patio se organiza la vivienda principal, correspondiendo las secundarias a patios traseros o corrales. La fachada se estructura en toda la dimensión del plano y cada período estilístico desarrolla su programa ornamental -gótico, renacentista o plateresco-, con portadas pobladas de grutescos, motivos de candelieri, columnas abalaustradas, arcos, laúreas... El clasicismo manierista y el barroco están escasamente representados. En su planta, la escalera ocupa un lugar predominante y presenta dimensiones y ornamentación de relieve, generalmente ocupando un rincón del patio.

El palacio es el elemento civil dominante en el siglo XVI. A lo largo del siglo XVII reproduce literalmente, tanto en volumen como en detalles de fachada, los modelos del siglo precedente. El siglo XVIII da paso a un palacio que contrae su dimensión y se transforma, hasta que durante el siglo XIX y principios del siglo XX acabará siendo una gran mansión urbana.

La Casa Solariega

Son muy abundantes, y en general de alto valor histórico, con características muy similares al palacio, pero de dimensiones más reducidas. Situadas entre medianerías, en algún caso el patio central desaparece, manteniéndose únicamente el trasero. El la fachada sigue predominando aún el paño ciego sobre los huecos, destacando el de la entrada sobre el resto de la fachada, por estar más decorado y por sus mayores dimensiones. La casa solariega del siglo XVIII, antecesora de la casa urbana del siglo XIX, todavía se conserva, aunque sometida a un rápido proceso de deterioro.

En la arquitectura civil del siglo XIX hay dos momentos bastante claros. El inicial recoge aún las tipologías de edificios públicos y casas solariegas de los siglos anteriores. Posteriormente nace la casa urbana, herencia del siglo XVIII, que se va a repetir hasta mediados del siglo XX, momento en el que pierde su carácter y personalidad. En las fachadas lo que domina es la adaptación, en cada momento, a los modelos urbanos y estilos dominantes.

Funcionalmente consta de dos o tres plantas con balcones en la noble, habitualmente flanqueados por un orden de pilastras. Existen muchos ejemplos neo-góticos, neo-mudéjares y sobre todo neo-renacentistas, de los que hacen buena gala la burguesía y los establecimientos bancarios. Hay ejemplos significativos de modernismo en caserones y edificios de viviendas, con portales de rejas y miradores metálicos o pétreos muy trabajados, balconadas acristaladas con vidrio esmerilado y decorado, y barandillas de complicada artesanía de forja.

Los Casones del XIX

En los últimos años del siglo XIX y principios del XX se edifican casones, que son ya los antecesores de nuestras casas urbanas. El espacio se reduce tanto en planta como en altura, así como los detalles decorativos de puertas y vanos. Los patios también se contraen, desapareciendo o reduciéndose a la mínima expresión. Los edificios de tres o cuatro plantas presentan una fachada con huecos remarcados y distribuidos simétricamente. Por lo general se colocan balcones en la segunda planta, y en la tercera se abre un óculo u ojo de buey multiformal.

La Casa de Pisos

De finales del siglo XIX es también la casa de pisos, que responde claramente a un incipiente tipo de vivienda urbana desvinculada de las labores agrícolas, como consecuencia de la especulación del suelo urbano. En estos bloques, normalmente de escasas dimensiones y de planta baja para uso comercial o de taller, surge el patio "de luces", entendido como necesidad higiénica y no como espacio de convivencia. En muchos casos son de aspecto neo-mudéjar o modernista, y puede verse tanto en el casco urbano como en las zonas de ensanche. Esta vivienda del XIX es todo un precedente de los bloques de gran altura que proliferan a lo largo del siglo XX, y que tanto constrastan con la arquitectura tradicional.

La Casa Popular

Sigue un modelo compositivo de tradición mediterránea, cuyo origen se encuentra en la vivienda helénico-romana, retomado también en época musulmana. Alrededor de un patio central adintelado, que funciona como eje vertebrador, se articulan las distintas estancias, repartidas en una o más plantas. Al exterior predomina el paño ciego sobre los pequeños y escasos huecos, distribuidos sin orden específico, sobre una fachada blanqueada. La entrada, en recodo, se efectúa a través de un vestíbulo o zaguán.

A partir del siglo XIII, con la cristianización, se continuará adoptando este esquema sin modificaciones sustanciales. Será frecuente la utilización del sótano para ubicar la bodega o para la instalación, ocupando también parte del entresuelo de pequeñas tiendas y talleres, generando la tipología de casa-tienda. En la planta baja se realizará un portal ancho para los apero de labranza, un espacio destinado a caballerizas, y, en un segundo cuerpo, la zona de cocina. En la planta alta se encuentran los dormitorios y la solana o mirador descubierto, orientado generalmente hacia el sur. La presencia de este espacio estuvo relacionado con la existencia, muy generalizada, de sederos, cordeleros y pañeros, que utilizaban esta planta alta para el secado de sus productos. En la parte trasera se dispondrá de un corral, a veces empleado como pequeño huerto.

Generalmente se utilizará la mampostería para la construcción de sótanos y planta baja, mientras que le resto del alzado se realizará en madera y adobe. Las cubiertas, a una o dos aguas, se acabarán con teja árabe.

A partir del siglo XVI las casas se remodelan fundamentalmente en el exterior, atendiendo a los nuevos criterios de concepción de la ciudad. La calle como espacio público, y por tanto, el aspecto externo de la vivienda, cobra mayor importancia en su tratamiento formal. Así, se abren nuevas ventanas y portadas de mayores dimensiones.

Estos modos compositivos continúan vigentes hasta el siglo XX, si bien a lo largo del XVIII muchas viviendas se reducen de tamaño, debido a una menor necesidad de utilización de espacio por parte de la población dedicada a actividades agropecuarias. Esta reducción implica, en algunas ocasiones, la remodelación de las parcelas acotando las viviendas entre medianerías.

En el siglo XIX, con el nacimiento de la nueva burguesía liberal, surge una nueva variante, hoy consolidada como tipología tradicional: dos o tres plantas, destacándose en la fachada la planta principal, que estará provista de huecos distribuidos simétricamente. Tiene un gran portalón de doble acceso y arranque de escalera, enfatizado desde la segunda crujía. El tamaño de los patios interiores se reduce, desapareciendo en algunos casos. Los bajos ofrecen varias posibilidades de uso: portería, cocheras, tiendas o talleres artesanales. Este tipo de vivienda se desarrolla hasta principios del siglo XX, ocupándose por una sola familia o varias, distribuidas en una vivienda.